Diario de a bordo de Henry Pierrot. Día 1.

domingo, 19 de abril de 2009 | |

“La tristeza es anterior al hombre, es la tierra del hombre”
Luis Rosales “La casa encendida”


(Viernes)

Recibo un e-mail en el que un tal Nicolás Alcalá expresa su admiración por mi poemario “Poética para cosmonautas” y me habla de una posible adaptación cinematográfica.

Tras un minuto (minuto y medio) de júbilo comienzo a sospechar que alguien me está tomando el pelo.

Releo el e-mail.
Enciendo un cigarrillo.
Llamo a mis amigos.

Ninguno parece querer confesar.

Redacto una respuesta en tono ligeramente irónico y descreído.
La guardo en borradores.

Me acuesto y no hay manera de conciliar el sueño.

Veo “Solaris” de Tarkovsky y “Solaris” de Soderbergh.
También empiezo a ver “Tron” pero me rindo ante la pobreza de su argumento.

(Sábado)

Releo el e-mail y hablo con más amigos.
Uno de ellos se va a una fiesta rusa en Acacias.
Me invita pero declino la oferta porque estoy trabajando.
Redacto un segundo borrador de respuesta más conciliador.

Busco información sobre Nicolás Alcalá y encuentro su página (Riot cinema) y su blog.
Veo en él fragmentos de mi poemario y muchas fotos de cosmonautas.
Redacto un tercer borrador adolescente y lo envío.

Me siento ridículo.

Recibo una llamada de mi amigo, el de las rusas.
Me dice “¿A que no sabes qué?” y yo empiezo a comprenderlo.
Me cuenta la historia.

La fiesta de las rusas es con Nicolás Alcalá.
Me quedo de una piedra y le digo si está con él.
Me dice que la fiesta se ha acabado.

Me voy a dormir y no pego ojo.

(Domingo)

No recibo respuesta a mi e-mail adolescente así que doy por concluido el fin de semana soviético con ligeros síntomas de derrota.
Veo “There will be blood”, luego “testigo de cargo” y luego lo intento de nuevo con “tron”.

Me despierto con el bucle del menú del dvd.

(Lunes)

Releo el e-mail que he enviado.
Barajo la posibilidad de enviar otro disculpándome.
Redacto una disculpa pero me resulta aún más adolescente.

Al fin recibo respuesta. Está encantado y quiere conocerme. Yo también, claro.
Le propongo que quedemos el miércoles siguiente en Lavapies. A las cuatro. En mi bar favorito. Acepta.

No vuelvo a dormir en los días sucesivos.