Watching in the snow; Lit by lamps of rosy dyes
We do not discern those eyes
Wondering, aglow, Fourfooted, tiptoe.
We do not discern those eyes
Wondering, aglow, Fourfooted, tiptoe.
Thomas Hardy “The Fallow deer at the lonely house”
(Miércoles)
Llega el miércoles como podría haber llegado el fin de año chino. Me desespero ante la cita. Cuento con encontrarle a él antes que él a mí. Cuento con llevarlo a mi terreno.
Me siento como Harry Lime. Es decir, me siento como un impostor a punto de ser descubierto. No pretendo comparar vender penicilina en el mercado negro con publicar versos pero no dejo de fijarme obsesivamente en las alcantarillas. ¿Podré huir llegado el caso?. ¿Dónde estará la fabulosa noria en Madrid?.
A las cuatro. Hemos quedado a las cuatro y en mi bolso late “Tala” de Thomas Bernhard. Nada de pistolas. Sólo eso y un paquete de tabaco a medias y otro nuevo (por si acaso).
Intento ser puntual y lo consigo.
Por supuesto mi bar favorito de Lavapiés está cerrado. Espero a N. mientras espero a que abran el bar.
Espero.
Tardará aún unos minutos en atravesar la C/Primavera.
Cuando lo hace lo reconozco al instante.
Lleva una casaca verde y una boina rusa.
Como mi bar favorito está lejos de abrir decido llevarlo al bar de al lado.
No será mi segundo bar favorito. Nada que ver. El ambiente está tan cargado que uno tiene la sensación de que pedir un café con leche será como jugar a la ruleta rusa contra DeNiro en “El cazador”.
N. se abstiene. Yo le doy a la coca-cola. Establezco un nuevo récord. Dos coca-colas en 15 minutos.

La conversación transcurre entre su interés y mi pudor. Cuantas más preguntas me hace más tiendo a replegarme. Al fin y quizá exhausto ante mi mutismo, se lanza a contarme el proyecto.
Los ojos le brillan como a un hombre lobo.
Ha conseguido transmitirme todos y cada uno de sus esfuerzos para llevarlo a cabo.
No lo digo pero me siento a gusto dentro de su universo.
Nos despedimos y nos emplazamos a una nueva reunión después de la lectura del ansiado guión.
Nos abrazamos.
(Jueves)
Ya he mandado un centenar de mensajes explicando a mi gente lo que está ocurriendo.
La mayoría desconfía de mi relato pero aún así casi todos me alientan a participar.
A participar (sí) ¿pero cómo?
El pudor (nuevamente) se hace presente. Lo que pienso es que el proyecto (por mucho que tenga que ver con mi poética) les pertenece por completo. ¿Qué puedo añadir yo?
Me siento tan entregado como agradecido. Espero con ilusión la llegada del guión.
(Viernes)
Tal como me prometió N. recibo la copia del guión. Hago una lectura rápida, sin descanso, en mi lugar de trabajo. Cuanto más avanzo menos ganas tengo de llegar al final. Ojalá no se acabe nunca.
Al releerlo con más calma y en casa, cierro los párpados e imagino las escenas hasta que consigo visualizarlas.
Las imágenes que propone N. son afines a mi sensibilidad.
Empiezo a entender la conversación en aquel café. He tardado dos días en ver la película y ahora parece que no puedo (que no quiero) quitármela de la cabeza.
Me intoxico viendo “La semilla del diablo”. No encuentro nada más sugerente entre mi colección. Reconozco (por vez primera) a la actriz vieja y malvada que hace de vecina. Ya decía yo que me sonaba. No es otra que Maude. A veces me sonroja descubrir estas estupideces. Cosas que otras personas parecen saber desde su mismo nacimiento.
Mientras Rose Mary se ve envuelta en esa conspiración de marujas descubro algo que quisiera comentar a N. sobre el guión. Es ese personaje femenino, creo que puedo darle más protagonismo.
¿Cómo?
Me duermo y no sueño. Aunque tampoco sufro pesadilla alguna.
(Jueves)
Volvemos a quedar para hablar esta vez del guión y para que conozca a los otros dos miembros del equipo. Bruno Teixidor y Carola Rodríguez. Hace buen tiempo y decido cambiar el emplazamiento. Nos veremos en la azotea de la UNED.
Llevo mi copia del guión y algunas anotaciones.
Consigo ser puntual (nuevamente).
Nos ciega el sol. Aunque nadie se queja. Hablo con Bruno de la página web y con Carola de mi libro. Me resultan el complemento perfecto de N.
Bruno parece tener sus diferencias con N. sobre el guión. Además, se muestra tiernamente amenazador ante nuestra “historia de amor”. Dice estar empalagado con tantas conexiones. Me hace reír.
Es mi turno.
Llega el momento en el que tengo que decir algo y me veo atrapado por mis propias palabras. Balbuceo que echo de menos que el personaje femenino sea más visible, menos plano. Tampoco sé cómo darle cuerpo a este argumento y no tengo fuerzas para imponer mi criterio. Me veo hablando sobre el guión como lo haría cualquier transeúnte. De manera vaga y escurridiza. Hablo (en general) como si tuviera la boca repleta de avispas.
Al final el sol me vence y nos largarnos. De vuelta a casa pienso en lo triste que ha debido resultar para ellos verme en pleno ataque de afasia.


1 comentarios:
¿triste?
yo diría abrumador :)
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